Para “felix” Hola, tus muebles me han hecho escribir este texto que te regalo.

Cerré la puerta y allí estaba.

¿Y tú quien eres? Me preguntó.

No quise contestar, al fin y al cabo sabía que debajo de su piel, llevaba todavía sus cuatro patas de madera.

¿Y si dentro del cajón estuviera lo que busco? Juventud divino tesoro que te disfrazas de piel suave y tersa.

¡No! ¡No te abriré! No quiero saber que pudo haber sido.

En cambio tú si que me conoces, espejito de agua que no hace preguntas incómodas. Tienes recuerdos pero no nostalgias.

A ti, sí que te quiero.

Y allí estaban todos, otra vez.

Ana Cadiñanos (17/04/2010)